/ escrito por Molinilla

Crispina & Molinilla van al teatro

Molinilla miró a Crispina con una sonrisa, aunque a lo mejor su amiga no se dio cuenta del todo por culpa de la mascarilla. La niña de las trenzas estaba bastante inquieta y no dejaba de juguetear con ellas.

Pero, en realidad, era imposible saber cuál de las dos estaba más nerviosa. Quizá Crispina, que no tenía ni idea de lo que iba a pasar o, tal vez, Molinilla que sí lo sabía. Además estaba segura de que le iba a encantar, Crispina amaba el teatro, la música y los libros.

-Molinilla, ¿Me puedes decir a dónde vamos? Y…, ¿me lo puedes decir ya? -Preguntó la niña de la boina azul con voz lastimera. Pensaba que al emplear ese tono podría conseguir ablandar el corazoncito de Molinilla. Con su madre este truco casi siempre salía bien.

-No, Crispina. Es una sorpresa…

Nada, no había funcionado. Crispina hizo un puchero y suspiró. Había puesto su cara de pensar, una expresión que todos sus amigos y amigas del cole conocían muy bien. Esa era la cara que siempre aparecía poco antes de que la niña hiciera alguna trastada o compartiera alguna idea genial que se le hubiera pasado por la cabeza.

-¿Vamos a la piscina?

-Crispina ¿Cómo vamos a ir a la piscina? ¡No traemos el bañador!

-Ay es verdad….

En esta ocasión su cara de pensar no le había servido de mucho pero no pensaba rendirse ¿A dónde podía estar llevándola su amiga?

-Ya lo sé, ¡vamos al parque!

-No, Crispina y aunque lo adivines no te lo diré

-Jopé.

Crispina se cruzó de brazos y se quedó callada un minuto, ese era el tiempo de silencio máximo que la niña podía estar así. Durante esos sesenta segundos, Molinilla se dedicó a mirar por la ventanilla del coche.

Y cuando el coche se detuvo, Crispina se puso a dar botecitos en el asiento, emocionada. Por fin había llegado el momento, pronto sabría a dónde se dirigían.

-Crispina, necesito que me dejes tu gorra. -Le pidió con una sonrisa de lo más traviesa la niña del cintillo rosa.

-¿Mi gorra? ¿Para qué?

-Será solo un momento.

-Pero ¿para qué?

-Si me la dejas, lo sabrás.

Crispina se quitó la boina de la cabeza y se la dio. Molinilla la tomó entre sus manos y la volvió a colocar en la cabeza de su amiga. Pero de una manera un tanto peculiar. La boina le tapaba los ojos.

-¡Molinilla! ¿Qué haces?

-Es para que no puedas ver a dónde vamos. Venga Crispina, confía en mí….

-¡¡¡Jopeeeeeeé!!!

Crispina se quejó de nuevo. Pero claro que confiaba en Molinilla. Era su mejor amiga. Hizo un pucherito y se dejó guiar.

-Molinilla, ¿falta mucho?…

-Nada, Crispina, ya estamos llegando.

¿Quieres saber cómo termina este cuento de Crispina y Molinilla?

¡Haz click en el vídeo!